No es por seguir dando envidia pero este finde, también estuve en la playa. En esta ocasión fue como a mi gusta, a la aventura. Después de cerrar la oficina un Viernes a las 9 de la noche, llegué a casa, agarré y llené la mochila y me lance a la estación de camiones (autobuses). No hay nada como viajar sin planes, sin horarios, sin prisas ni destinos. Sola sabía que quería irme de nuevo a la playa.
A las doce de la noche del Viernes me monté en un autobus, y ocho horas después, tras varios autobuses, combys (furgonetas colectivas) llegué a playa paraíso. Y es que cómo su propio nombre indica, estuve en el paraíso. Ha sido una de las playas que más me han gustado y te preguntarás ¿por qué?
Kilómetros y kilómetros de playa virgen, rodeado de jungla, manglares, una laguna de agua dulce con salida al mar, gente autóctona a la que a veces me costaba entender, pescado fresco, sol, una acogedora cabaña, un buen libro y unas cervezas divisando la puesta de sol en el pacífico. Creo que he respondido con bastantes y cortos argumentos la respuesta del por qué es de las mejores playas que he visto.
Eso sí, llegué el sábado y me marché el domingo porque el Lunes (hoy) era día de trabajar, de cerrar todos los temas pendientes antes de regresar a casa por Navidad, de recargar energía para hacer frente al frio invierno europeo y es que como ya dije el otro día, es un lujo el poder estar a 30 grados en la playa en el mes de Diciembre.
Os dejo con las fotos de rigor:

















Disfrutón! Ese pescado se ha quemado un poco no?
ResponderEliminarque va... el color es porque tenía una capa de chile rojo y cebollas encima
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